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En la empresa de Bernardo García y su esposa Yulieth Vanessa Mendoza, no solo diseñan y elaboran accesorios en bronce y mostacilla

En Distri García se funden esfuerzos para superar las adversidades que ha dejado el conflicto armado en su familia. Su historia hace parte de la primera Feria Virtual Unidos por las Víctimas.

A Bernardo García Muñoz, la imagen de un escuadrón de militares compartiendo la ración de campaña con sus padres para calmarle el hambre a él y a sus ocho hermanos lo marcó desde su infancia. Esa generosa y humanitaria acción de los soldados, no solo lo inspiró para su futuro, sino que fue el motivo para que, a muy temprana edad, la guerrilla lo desplazara del municipio de Baraya en el departamento del Huila.

“Llegamos a Neiva y éramos 13 y mi papá no tenía un peso, fue a la Alcaldía a que le ayudaran y el alcalde le prestó una volqueta de recolección de la basura para cargar el trasteo y que nos llevara para Garzón, otro municipio del Huila”, recuerda.

Desde entonces la vida de Bernardo y la de su familia, estuvo destinada a recorrer pueblos y ciudades. En su mente siempre estuvo la escena de bondad de las fuerzas militares y cumplida su mayoría de edad, decidió enrolarse en el ejercitó y emprender una carrera como soldado profesional. Este otro vínculo con la institución castrense, de nuevo fue el detonante para que la guerrilla lo declara objetivo militar, obligándolo a abandonar el municipio de San Vicente del Caguán (Caquetá), un lugar en el que, para entonces, impulsaba su primer emprendimiento a lado de su esposa Yulieth Vanessa.

“Y nos tocó que salir con mi hijo, huyendo, pagando el pasaje hasta Pitalito en el Huila, con lo único que me quedaba que era un celular de esos a los llamaban flechas”, relata.
Pero para un emprendedor como él, la vida sin luchas no es vida, la vida se compone de subidas y bajadas, de éxitos y fracasos, una filosofía que, en Bernardo, no es simplemente en un discurso idealista, sino la razón que lo llevó a crear en Ibagué (Tolima) el sueño llamando Distri García, un emprendimiento que nació hace 10 años en la mente de un artesano, quien con sus manos fabricaba pulseras con nombres en hilo y mostacilla y las vendía en el mercado bajo una sombrilla de exhibición en el parque Galarza de la capital musical.

“Y pues Dios me ha dado la posibilidad de irme estabilizando, ya que cuando llegué, nos tocaba correr huyéndole a los operativos del espacio público y en ocasiones nos quitaban toda la mercancía, inclusive una vez además de dejarme si nada, me impusieron un comparendo por un Renault 4 que había conseguido con mucho esfuerzo”, cuenta.

Está seguro de que lo realmente importante es tener el coraje de levantarse cada día y poder decir: ¡sí se puede! Así, con esta convicción, hoy cuenta con un local comercial acreditado y comercializa sus creaciones de joyería artesanal en bronce y mostacilla en distintos departamentos y por estos días es uno de los 40 expositores de la primera feria virtual Unidos por las Víctimas.

“Y estoy muy agradecido por habernos tenido en cuenta, es una gran oportunidad para darnos a conocer y mostrar no solo nuestro emprendimiento sino también nuestras historias de superación y de lucha”, afirma.

Un ejemplo de superación para conocer y apoyar ingresando a la feria virtual (feriavirtual.unidadvictimas.gov.co) espacio en el que podrán compartir con Bernardo y su esposa, una mujer que, además de ser el amor de su vida, madre de su hijo David y de un bebé que está por llegar, también ha tenido un rol protagónico en una inspiradora historia. Ella logró estudiar y graduarse como abogada, aprovechando una beca otorgada por el Estado, como compensación por su condición de víctima del conflicto armado.

 

Fuente
Willyam Peña Gutiérrez
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