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En el discurso del alcalde de Ibagué Andrés Hurtado para sustentar el nuevo decreto de medidas restrictivas se escuchó una retórica distinta

De calificar como dramática la ocupación del 92% total de camas UCI, y ordenar confinamientos estrictos, ocho días después se pasó a una alocución optimista con restricciones flexibles pese a que las UCI reportan el 97% de ocupación.

Determinar que una medida es mala, buena o efectiva es en principio una función de los expertos. Como ciudadanos son muy diversos los calificativos y en la mayoría de la veces son producto de sus propia afectación o como se dice popularmente “Cada uno habla de la feria como le va en ella”. Y es que por ejemplo el pico y cédula, que tiene como objetivo evitar aglomeraciones, de seguro que en el papel cumple el objetivo, en la realidad depende de si se aplica o no. En Ibagué, por experiencia propia pude comprobar que en algunas notarias y en centros comerciales no se estaba exigiendo.

Ahora al leer el último decreto de la alcaldía de Ibagué (Decreto 1000-0020 de 2021 del 22 de enero) y escuchar las argumentaciones del mandatario Andrés Hurtado sobre estas decisiones, que entre otras cosas aseguró que son de orden nacional, me quedan varias inquietudes; primero sobre esa afirmación, porque si bien quien autoriza las medidas si son los ministerios, quienes las proponen son los alcaldes.

Hurtado, explicó que una leve disminución en pacientes Covid, en cuidados intensivos es la razón para ser más flexibles en las restricciones para este fin de semana, lo que técnicamente es discutible, pero lo cierto es que hasta donde mis escasos conocimientos de matemática me dan, 97% sigue siendo más que 92%.

El decreto habla que en los centros comerciales, iglesias, gimnasios, cinemas, concesionarios, restaurantes y hoteles, ya no aplicará el “pico cédula”, sino que se tiene que respetar un “aforo” que debe fijarse en un letrero que indique su capacidad máxima. Ahora, en el decreto, no se especifica el aforo, primera inquietud. Para casi todos estos lugares tal vez es solo cuestión de revisar el número de mesas o sillas, y fijar el porcentaje ¿Pero en el caso de los centros comerciales, que ni siquiera venían respetando el pico y cédula?

Digamos que el ingreso y la salida se controlan con un mecanismo, y en un rápido cruce de datos entre los vigilantes se da la orden de que nadie más puede ingresar o que por el contario hay cupo para una o más personas. Ellos además están preparados con su innata y perfeccionada habilidad denominada ojímetro. Esta es la segunda inquietud.

Tercera inquietud. Como serán los controles de la alcaldía, cuál será el sistema que tendrá la secretaria de salud o la de gobierno para medir el aforo en el momento de la inspección. Dudo que el buen estado físico por su condición de buen futbolista le alcance al secretario de gobierno, Carlos Portela, para hacer el conteo persona por persona y establecer si el cupo determinado a la entrada del establecimiento se cumple. Ahora Johanna Aranda, secretaria de salud, puede ayudar, es muy activa, pero tampoco creo que les alcance, pues hay centro comerciales con hasta tres pisos; podrían entonces contar con Leopoldo Alfonso, secretario de hacienda, una buena alternativa al fin y al cabo pues es el experto números y cifras, pero la verdad no lo ve bien de físico.

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