
La tarde comenzó cuesta arriba. Boyacá Chicó golpeó primero con el tanto de Andrés Aedo, en un primer tiempo donde los ‘Pijaos’ no solo fueron superados en el marcador, sino también en la claridad ofensiva. Y allí apareció, una vez más, el nombre que empieza a generar debate: Adrián Parra.
El delantero tuvo en sus pies una jugada que pudo cambiar el rumbo del partido. Solo, debajo del arco, terminó enviando el balón por encima. Una acción que resume su presente: voluntad intacta, pero efectividad ausente. En el sistema del técnico Lucas González sigue siendo pieza de confianza, pero para el hincha esa paciencia empieza a agotarse.
Para el segundo tiempo, el libreto cambió. Y cambió desde el banco.
Los ingresos de Daniel Pedrozo, Elan Ricardo y, especialmente, Yoimar Moreno, le dieron otra dinámica al equipo. Tolima pasó de la intención a la insistencia, y de la insistencia al dominio. Más movilidad, más profundidad y, sobre todo, más decisión en el último tercio.
El punto de quiebre tuvo nombre propio: Yoimar Moreno, 18 años. El juvenil no solo aportó frescura, sino atrevimiento. Mientras algunos dudaban, él resolvió. Su gol en tiempo de reposición no fue solo el empate, fue un golpe de autoridad silencioso: el de un jugador que entiende que en el fútbol las oportunidades no se explican, se aprovechan.
El contraste fue inevitable. Mientras Moreno resolvió con jerarquía su primera gran aparición, Parra acumuló errores en cada intervención ofensiva. Dos caras de un mismo partido: la renovación que ilusiona y la insistencia que preocupa.
Lucas González movió el equipo y encontró respuestas, pero también dejó abierta una discusión: ¿hasta cuándo sostener a un jugador que no responde en momentos clave? La confianza es un valor fundamental, pero en el alto rendimiento debe traducirse en resultados.
Tolima se va séptimo con 20 puntos, aún en zona competitiva, pero con la obligación clara de ganar en casa el próximo sábado en el Murillo Toro ante Jaguares. Más aún, con el desafío internacional a la vuelta de la esquina en la Copa Libertadores.
Porque si algo dejó claro este partido es que el equipo tiene alternativas. Y que, a veces, la solución no está en insistir, sino en atreverse a cambiar.