Perdón mujeres…

Por: William Peña Gutiérrez

Lo que ha conocido el país con el escándalo de Caracol Televisión me desconcierta como hombre, pero también como periodista. Como representante del género, siento vergüenza y considero justo pedir disculpas a todas las mujeres: a nuestras amigas, colegas, hermanas, madres, esposas e hijas.

Como periodista, me apena sentir que la profesión destinada a cuidar los valores y los buenos comportamientos hoy se vea mancillada, estigmatizada y señalada; tal vez por justas razones, porque hay quienes olvidaron que este no solo es el mejor oficio del mundo, como lo dijo Gabriel García Márquez, y se dedicaron a inflar sus egos, perdiendo el sentido de la labor social y la rigurosidad periodística, para simplemente creerse el cuento del cuarto poder y, como el poder enloquece, desdibujar la grandeza de comunicar.

Hoy también considero justo solidarizarnos con una empresa como Caracol Televisión, escuela de grandes periodistas, hombres y mujeres. Un medio al que el país le debe respeto porque, aunque se esté o no de acuerdo, ha cumplido en muchas ocasiones con su labor de denunciar, orientar a la opinión pública y dignificar a nuestra profesión.

Finalmente, y a manera de reflexión, me parece inconcebible que, en la era de la civilización, se siga evidenciando que el sexo y la masculinidad sean el punto de inflexión en la relación humana; que esa misma condición de hace millones de años, en eras como el salvajismo y la barbarie, no haya evolucionado, y que aún en entornos laborales, familiares y, en general, en las nuevas sociedades, se siga evidenciando la supremacía de un género sobre el otro a partir de la dominación sexual.

Y recordemos que esto no es solo un escándalo: es una crisis de valores.

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