
Ibagué vive una preocupante situación en plena temporada decembrina. Aunque las autoridades han confirmado que ya son 27 las personas lesionadas por el uso de pólvora, para muchas comunidades el problema más grave no está solo en las estadísticas, sino en la pérdida total de la tranquilidad, el miedo constante y la ausencia de control institucional.
Habitantes del barrio Restrepo, entre las calles 39A y 43, así como la comunidad del barrio El Salado, elevaron una denuncia pública ante lo que califican como una completa anarquía en el uso de pólvora en distintos sectores de la ciudad.
“Estamos aterrados. No se puede descansar, no se puede compartir en familia. Los estruendos son permanentes y nadie controla nada”, señalaron vecinos indignados.
La comunidad advierte que los estallidos se presentan en cada esquina y a mitad de cuadra, poniendo en riesgo no solo a quienes manipulan pólvora, sino a niños, adultos mayores, personas en recuperación por cirugías, mascotas, aves que anidan en los árboles y personas con condiciones de salud sensibles al ruido.
Otro de los hechos que más preocupa a los residentes es la presencia de niños desde los 4 años, acompañando a adultos que manipulan pólvora de manera irresponsable, exponiéndolos a accidentes graves.
“En muchos casos los vecinos tienen que irse de sus propias casas durante estos días porque el desorden es insoportable. No es justo que tengamos que desplazarnos para protegernos”, manifestaron.
Ante esta situación, la comunidad hace un llamado urgente a los gobernantes y autoridades locales para que se adopten medidas reales y efectivas. Entre las peticiones está la designación de un lugar específico, completamente alejado de zonas residenciales, para quienes insisten en la quema de pólvora, aunque recalcan que ningún lugar es verdaderamente seguro.
“Basta ya. Los derechos de las comunidades deben prevalecer sobre los derechos particulares. No a la pólvora”, enfatizaron.
Los habitantes exigen controles permanentes, sanciones ejemplares y una respuesta institucional inmediata, antes de que las cifras de quemados sigan aumentando y la temporada de compartir se siga transformando en días de miedo e indignación en Ibagué.