
¿A qué obedece la candidatura de Juan Daniel Oviedo a la vicepresidencia? ¿Es acaso otra estratagema del expresidente Álvaro Uribe?
Tras los resultados de la Gran Consulta por Colombia, vuelve a evidenciarse la conocida astucia política, fría y calculadora, del expresidente. La jornada no solo dejó a Paloma Valencia como candidata fortalecida, sino que también configuró una fórmula política que reordena el tablero de la derecha.
Valencia queda empoderada tras una elección anticipada, pese a que hasta antes del domingo no convencía a buena parte de ese sector político e incluso generaba dudas dentro de su propio entorno.
Pero el movimiento no termina allí. También aparece el posible “redentor” de Valencia: un conciliador capaz de moderar un discurso de extrema derecha y acercarlo al centro político. Ese lugar donde Oviedo se movió durante su campaña y desde el cual logró una votación inesperada.
Ese rédito electoral lo convierte ahora en la fórmula más conveniente para intentar convencer a un electorado cada vez más cansado de las ideologías autoritarias y de los extremos.
Entonces surge la pregunta inevitable: ¿es Oviedo el salvador o el Judas de su propio electorado?
O quizá, en realidad, se convierta en la fórmula honesta y necesaria que requiere Colombia para tener un gobierno que escuche, que piense más allá de lo ideológico y que se preocupe por las necesidades de todos los colombianos, ricos y pobres sin excepción.
Tal vez, en caso de un eventual triunfo en primera o segunda vuelta, Oviedo pueda convertirse en ese vicepresidente influyente que el país pocas veces ha tenido y no sería una tarea menor: Colombia ha elegido 39 vicepresidentes a lo largo de su historia repúblicana, una figura que en muchas ocasiones ha pasado desapercibida o ha tenido un papel secundario en el ejercicio del poder.
De ahí la pregunta de fondo: ¿podrá realmente ejercer un contrapeso frente a una política de extrema derecha representada por Valencia? ¿O todo hace parte de una estrategia para ampliar el espectro electoral solo durante la campaña?
Tal vez todo sea simplemente una construcción basada en la llamada “falsa unanimidad”, uno de los principios de la propaganda de Goebbels, que han estudiado muy bien los políticos y que señala: “Convencer a la gente de que se piensa como todo el mundo, creando la impresión de unanimidad”.