Ciudades convertidas en “trampas de calor”: informe publicado en España enciende alertas para Ibagué

Las altas temperaturas dejaron de ser solamente un problema de incomodidad. Un informe publicado por el portal español elDiario.es, a partir de datos del Lancet Countdown sobre salud y cambio climático, advierte que el calor extremo está aumentando el riesgo de enfermedad y muerte y que la forma como están construidas las ciudades puede agravar todavía más sus efectos.

El análisis revela que en España la mortalidad anual atribuible al calor pasó de 82,8 muertes por cada millón de habitantes entre 1991 y 2000 a 176,3 entre 2015 y 2024. En Europa, el Lancet Countdown estima que durante 2024 se produjeron 62.775 muertes atribuibles al calor.

La situación cambia considerablemente entre ciudades. Jaén alcanza 371 muertes por millón de habitantes; Linares, 324; Talavera de la Reina, 312; Salamanca, 310, y Ciudad Real, 294. Uno de los casos más llamativos es Castellón, donde la tasa pasó de 26 a 168 muertes por millón entre los periodos analizados.

Cuando la propia ciudad aumenta la temperatura

Uno de los puntos centrales del informe publicado por elDiario.es es el denominado fenómeno de “isla de calor urbana”.

El concreto, el asfalto y los edificios absorben radiación durante el día y posteriormente liberan parte del calor acumulado. Cuando además existen pocos árboles y zonas verdes, disminuye la capacidad natural de enfriamiento y algunos sectores de una ciudad pueden registrar temperaturas superiores a las de las áreas rurales cercanas.

Granada es un ejemplo. Entre 2003 y 2020 acumuló más de 300 días en los que la temperatura urbana estuvo al menos 1,5 °C por encima de las zonas rurales circundantes. Este tipo de situaciones ha llevado a hablar de ciudades convertidas en auténticas “trampas de calor”.

El calor también puede agravar enfermedades respiratorias

El riesgo no se limita al llamado golpe de calor. Las temperaturas extremas también afectan los sistemas cardiovascular y respiratorio y pueden representar un peligro mayor para adultos mayores, niños pequeños y personas con enfermedades crónicas.

En personas con asma, enfermedad pulmonar obstructiva crónica —EPOC— y otras afecciones respiratorias, las altas temperaturas pueden agravar las condiciones existentes. A esto se suma la contaminación del aire y el humo producido por incendios forestales, que añade presión sobre las vías respiratorias.

Esta relación resulta particularmente importante para el Tolima, donde durante las temporadas secas pueden coincidir altas temperaturas, incendios forestales, humo y deterioro de la calidad del aire.

Colombia también está aumentando su exposición al calor

Aunque las cifras de mortalidad de España no pueden trasladarse directamente a Colombia, los indicadores recopilados por Lancet Countdown muestran señales preocupantes para el país.

Durante 2024, la población colombiana estuvo expuesta a una temperatura ambiente media de 23,7 °C, un grado por encima del promedio registrado entre 2001 y 2010.

El dato más significativo aparece entre las poblaciones vulnerables. Entre 2015 y 2024, la exposición a olas de calor que amenazan la salud aumentó 15 veces entre los lactantes y 60 veces entre los adultos mayores, en comparación con el periodo 1981-2000.

Ibagué aparece con bajo nivel de zonas verdes

Aquí el informe adquiere una dimensión directamente local.

La evaluación citada del Lancet Countdown ubica a Ibagué entre las ciudades colombianas de más de 500.000 habitantes con un nivel de verdor urbano calificado como “muy bajo”. En esa misma clasificación aparecen Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Cúcuta, Medellín y Pereira, mientras Bogotá registra un nivel extremadamente bajo.

El dato resulta especialmente relevante porque una evaluación anterior había ubicado a Ibagué en un nivel moderado, por lo que el cambio abre interrogantes sobre la evolución de su cobertura verde.

Los árboles no cumplen únicamente una función paisajística. Proporcionan sombra, ayudan a reducir la temperatura local y disminuyen la exposición a algunos contaminantes atmosféricos. Por esta razón, aumentar las áreas verdes aparece como una de las estrategias de adaptación frente al calentamiento urbano.

¿Ibagué se está convirtiendo en una “trampa de calor”?

La experiencia documentada en España deja planteada una pregunta para la capital tolimense: ¿existen sectores de Ibagué donde el concreto, el asfalto, la densidad de las construcciones y la falta de árboles estén elevando la temperatura por encima de otras zonas de la ciudad?

Responderla requeriría medir las diferencias de temperatura entre barrios densamente urbanizados, sectores con mayor arborización y áreas rurales cercanas; establecer cómo ha evolucionado la cobertura arbórea e identificar cuáles comunidades están más expuestas.

También sería necesario cruzar esos resultados con las consultas y hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares y respiratorias durante los días de mayor temperatura y con los episodios de contaminación provocados por incendios forestales.

El debate, entonces, supera la discusión sobre sembrar árboles para embellecer calles y parques. La arborización, las zonas verdes y la planificación de espacios urbanos más frescos comienzan a convertirse en asuntos de salud pública. La advertencia que deja el informe publicado por elDiario.es es clara: cuando aumentan las temperaturas y al mismo tiempo crecen las superficies de concreto y asfalto, las propias ciudades pueden terminar amplificando los efectos del calentamiento.

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