De la sensatez a la acción para recuperar el sur del Tolima

Escuché a la gobernadora Adriana Magali Matiz confesar que, en medio de su preocupación por la situación de orden público en el sur del Tolima, especialmente en Ataco por la minería ilegal, le pidió perdón a Dios por el daño que se ha causado a la naturaleza. Una afectación que hasta hoy solo vemos superficialmente, pero que es inmensa y traerá graves consecuencias para el ecosistema y la vida humana.

Al tiempo, la mandataria habló del “desalojo” de 1.000 mineros que se encontraban haciendo extracción ilegal de oro en los ríos Atá y Saldaña, en el sitio conocido como Puente Amarillo, y que fueron retornados a sus lugares de origen (Cali y Medellín) gracias a la presión que desde el jueves anterior se ejerce con la presencia de fuerzas especiales.

La funcionaria calificó el operativo de exitoso, destacando que no hubo ninguna persona herida, y agregó que, si bien se presentó un ataque con drones a la estación de Policía y un ataque con explosivos a otros policías, ellos están bien. Además, usó la palabra “presunta” para referirse a que pudieron ser las disidencias.

El resultado de la operación es quizás el más importante y esperanzador de las acciones contra la minería ilegal en los últimos años en Ataco, aunque aún, y también lo reconoce la gobernadora, apenas es el primer paso, pues los datos que conocemos indican que al menos 4.000 personas más siguen en la zona y, por sobre todo, los verdaderos responsables de la devastación aurífera y ambiental, que son los grupos ilegales.

Pero hay un elemento adicional que me parece no puede pasar desapercibido, y es que la gobernadora haya utilizado una narrativa firme, pero prudente. Es una guerra, y eso lo sabemos. Pero también sabemos que es pertinente entender que cada palabra puede convertirse en una bala. Que cada discurso puede ser metralla que acaba con la vida de inocentes, como la bebé en Planadas y las demás víctimas de estos conflictos.

Que las guerras nacen en la mente de los hombres, y es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz.

Y no es solo usted, gobernadora, la única que deba preguntarle a Dios por la responsabilidad de estas atrocidades, porque tal vez para los creyentes y no creyentes, está claro que hay un pensamiento colectivo que ha llevado a la desbordada ambición. También acá habrá que reflexionar sobre las responsabilidades por acción y omisión de toda la sociedad y que algún día tendrían que enfrentar la justicia divina, pero también terrenal.

Es claro, eso sí, que a usted, como líder de este departamento, le corresponde orientar la política regional de seguridad y que, como garante de la misma, está en la obligación de actuar de la mano de la Fuerza Pública contra los delincuentes y desalmados que están cometiendo estos crímenes atroces. Son ellos los verdaderos responsables y contra ellos hay que actuar con el poder del Estado, pero sobre todo con la sabiduría de los gobernantes.

Es el momento de no bajar la guardia, de unir fuerzas. De que el Gobierno del presidente Abelardo de la Espriella mantenga la ofensiva y la gobernadora mantenga su talante y la cordura.

Recordar siempre que en medio del fuego cruzado está la vida de los campesinos, comerciantes y habitantes en general. Esa es la prioridad. La reacción tiene que ser certera. La comunicación, asertiva.

El mal ya está hecho. La reacción es una obligación. Pero no pueden los gobiernos ser solo reactivos. Hay que encontrar las maneras de evitar el recrudecimiento del conflicto. No se trata únicamente de militarización, pues ni el ejército más grande del mundo puede vigilar cada rincón del territorio y menos hoy, cuando los ataques provienen de cualquier lugar y en cualquier momento usando las nuevas tecnologías.

Hay que escuchar a los ciudadanos. Hay que hablar de PAZ, hay que entender la realidad.

PDTA. Gobernadora, de sus decisiones y del respaldo del Gobierno nacional depende que el conflicto se termine o agudice. Usted, que es fiel creyente, que Dios la ilumine y que su capacidad de liderazgo la lleve por la senda de la firmeza y la sensatez.

Muchas veces en la vida, gobernadora, y también en el conflicto, “menos es más”: menos discursos, más acción.

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