Por más opuestas que sean las ideologías políticas y las narrativas discursivas, en todos los gobiernos siempre hay un común denominador. Un elemento que, aunque se enmascare con rebuscados disfraces del marketing político, persigue un solo objetivo: los impuestos para mantener la burocracia estatal y apalancar los programas de gobierno o el presupuesto nacional, como lo llaman los tecnócratas económicos.
John Rawls denomina estos elementos en común como el consenso entrecruzado. Esto simplemente para entender que una cosa es la narrativa y otra la realidad. Parece muy curioso y hasta políticamente increíble que la reforma tributaria de Gustavo Petro tenga una similitud en cerca del 73 % a la que acaba de presentar el Gobierno de Abelardo de la Espriella, según los primeros análisis que se conocen.
Y tal vez, si miramos la historia, encontraremos muchas más similitudes. Y todo es muy sencillo. El objetivo es el mismo y quienes deben meterse la mano al bolsillo son los mismos. No importa si se llama Ley de Inversión Social (presidente Duque), Igual y Justicia Social (presidente Petro) o si se vende como la “salvación” (presidente De la Espriella).
Disfraces, maquillajes que buscan imprimirle un bálsamo a la manera de contarle a los gobernados que, gobierne quien gobierne, quien debe seguir sosteniendo el Estado es el pueblo. Y esto ha sido así y lo seguirá siendo porque ningún premio Nobel de economía o ministro de Hacienda colombiano, si se quiere, ha logrado hasta el momento encontrar fórmula mágica para financiar el gasto y la inversión pública. En todo caso, lo que sí han tratado de ocultar es el nombre real de las iniciativas: REFORMA TRIBUTARIA.
Esta semana apareció el rugir fiscal del tigre con un nombre ingenioso y elevado a la categoría divina: “rescate fiscal para salvar a Colombia de la quiebra”. Y de nuevo nos preguntamos: ¿De dónde, entonces, saldrá la plata para esta salvación?
Pues no es nada diferente a lo planteado, solo que esta vez el objetivo de recaudo se estima entre 70 y 80 billones. Unas tres o dos reformas de gobiernos anteriores, pero en una.
Trabajadores, independientes y consumidores tendrán que comenzar a aportar desde el año entrante: IVA a las frutas, verduras, café. Sube el aporte de seguridad social para quienes ganan más de dos salarios mínimos. Productos que pagan IVA del 5 % ahora se nivelan al 19 %. Gravarán los equipos de tecnología, los vehículos eléctricos, la cerveza y, en fin, lo mismo de siempre, pero potenciado.
PDTA: Ahora, el debate está en discusión. La propuesta, argumentada a más no poder por parte del Gobierno. En manos del Congreso queda nuevamente la defensa de un pueblo que espera que esta vez sí piensen realmente en quien los eligió.