El reciente aumento del 13,7 % en la tarifa del transporte público en Ibagué ha generado una fuerte reacción de inconformidad entre los ciudadanos, quienes cuestionan que el incremento sea uno de los más altos del país, pese a que no se evidencian mejoras sustanciales en la calidad del servicio.
Mientras ciudades como Bogotá (10,9 %), Manizales (11,7 %) y Cali (9,3 %) optaron por ajustes más moderados, en la capital del Tolima el alza es percibida como un golpe directo al bolsillo de los usuarios, especialmente en un contexto donde persisten problemas estructurales del Sistema Estratégico de Transporte Público (SETP).
Uno de los aspectos más críticos señalados por la ciudadanía es la falta de inclusión para personas con discapacidad y movilidad reducida. Desde hace más de dos años se anunció la implementación de 41 busetas adaptadas, sin embargo, estas unidades no estarían operando de manera efectiva, lo que mantiene las barreras de acceso para este sector de la población.
Las quejas no se limitan a la accesibilidad. Usuarios denuncian retrasos frecuentes, contaminación dentro de los vehículos y deficiencias en la prestación del servicio, factores que, aseguran, hacen injustificable un aumento tarifario de esta magnitud.
A pesar de que el SETP fue concebido como la solución para modernizar el transporte público en la ciudad, su funcionamiento sigue siendo cuestionado. Para varios sectores ciudadanos, las autoridades y las empresas transportadoras han priorizado la justificación del incremento tarifario sobre el cumplimiento de las promesas de mejora.
El debate también ha llegado al escenario político, donde un concejal identificado como cercano al gremio transportador ha defendido el alza, argumentando que es necesaria para la sostenibilidad del sistema. No obstante, para los usuarios, esta postura no refleja las necesidades reales de la ciudadanía ni responde a la falta de avances en calidad y eficiencia.
Ante este panorama, la comunidad exige mayor control, rendición de cuentas y acciones concretas que garanticen un servicio digno, accesible y eficiente. Mientras no se evidencien mejoras reales, el aumento del pasaje es visto como una señal de desconexión entre las decisiones oficiales y las verdaderas necesidades de los ibaguereños.
