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Tolima desató la fiesta en el Murillo Toro. Goleó, remontó y enamoró a su gente

De un penal polémico al show del “Chino” Sandoval: la Tribu pasó del suspenso a la goleada en una noche inolvidable.

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Arranque con tensión y polémica

La noche comenzó caliente en la “Hoguera”. Deportes Tolima y Águilas Doradas salieron con intensidad, orden y respeto mutuo. Dos equipos serios, con poco margen para el error. Sin embargo, el primer golpe no llegó desde el juego, sino desde la controversia: al minuto 24, el VAR intervino y sancionó un penal dudoso a favor de la visita.
Un par de minutos después, Jorge Rivaldo cambió la decisión por gol. El Murillo Toro quedó en silencio. El partido se inclinaba desde la polémica, no desde el fútbol.

La respuesta del goleador

Tolima no perdió la calma. Sin muchas llegadas claras, pero fiel a su libreto, empezó a construir desde la paciencia. Y entonces apareció la conexión que marcaría la noche.
Remate de “Tatay” Torres, rebote en el área y ahí, donde siempre está el oportunista, Luis “Chino” Sandoval. Definición precisa, empate 1-1 y desahogo en la tribuna.
“El goleador no perdona, y en la única clara, Tolima encontró justicia.”

Del control al espectáculo

El segundo tiempo cambió todo. Apenas arrancando, se repitió la fórmula: Tatay filtró, el “Chino” definió. Gol para el 2-1 y ahí sí, el partido tomó color vinotinto y oro.

Con la ventaja, los dirigidos por Lucas González se adueñaron del balón y del ritmo. Llegó el dominio, el toque, el famoso “fútbol de los mil pases”. Tolima jugaba bien, pero fallaba en la puntada final. Parra, González y el propio Sandoval perdonaban… hasta que decidieron liquidarlo.

La noche del Chino y la goleada

Al minuto 69, Juan Pablo Torres amplió la ventaja con el 3-1 y desató la locura. Pero lo mejor estaba por venir.

Dos minutos después, otra vez Sandoval. Gol. Hat-trick. Ovación total. El Murillo Toro era una fiesta.
“Cuando el Tolima se soltó, convirtió el partido en un espectáculo y a su goleador en figura absoluta.”

Una victoria que ilusiona

Los cambios sostuvieron la intensidad de un equipo que nunca bajó los brazos. Tolima jugó con autoridad, con convicción y con hambre hasta el final.
El pitazo selló mucho más que un 4-1: confirmó un momento. Con 26 puntos y en el tercer lugar de la tabla, la Tribu se mete de lleno en la pelea.

Ahora, el camino sigue con Santa Fe y luego el reto internacional en Copa Libertadores ante Universitario de Perú.
Pero en Ibagué queda una certeza que retumba en las tribunas:
“Nada pudo aguar la fiesta del gol en el Murillo Toro.”

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