
El país acaba de terminar cuatro años en los que la gobernanza terminó convertida en meme y la “dignidad” presidencial apabullada por los escándalos de presunta corrupción y la infoxicación informativa. La nueva era, la prometida patria milagro, irrumpida por la comunicación digital, si bien impulsa un opuesto camino, parece desconocer la importancia de la pluralidad en la opinión y, por el contrario, las primeras pinceladas dan cuenta de una clara inclinación por controlar el relato para acomodar el pasado y adaptar los datos al presente para controlar el futuro en un mundo en donde la crítica y la contradicción de los valores propios se entienden como una ofensa, en lugar de una oportunidad de mejora.
Un ejemplo para ilustrar este planteamiento es lo sucedido en el Museo Nacional y, si se quiere, el suceso de San Andrés, en donde el presidente Abelardo de la Espriella armó toda una estrategia comunicativa para denunciar el probable sabotaje a la intervención sanitaria del Hospital Departamental de San Andrés y una presunta red de contratación que involucraría al esposo de la congresista Elizabeth Jay-Pang Díaz, así como presuntas nóminas paralelas, contratos de aseo y radiología direccionados y equipos médicos guardados en guacales.
Todo esto, que de ser cierto es muy delicado, porque además estaría de alguna manera responsabilizando a la gobernadora Girley Natacha Ordóñez Bowie, mujeres a las que increpó en un episodio digno de “news magazine” y donde, por cierto, solo quedó evidenciado el show, pero no contextualizada o explicada la denuncia.
En la misma controversia aparecen otras acciones del gobierno que, de seguro, no son al azar y que más bien hacen parte de la construcción de esa narrativa que hasta parece divertida, pero que, en realidad, es una apuesta calculada para el dominio del relato y en la que, al elegir e imponer el discurso sobre sus contradictores y las propias audiencias, ya se garantiza la verdad absoluta.
Ahora, es un estilo, es una manera de actuar y de usar la comunicación para gobernar. Eso sí, muy alejado de lo habitual y en la que los medios tradicionales de comunicación solo podemos hacer eco o intentar analizar, como pretendemos hacerlo en este caso, y de alguna manera motivar a la reflexión; es decir, cumplir con nuestra obligación de verificación de la información y convertirnos más que nunca en referencia de credibilidad, entendiendo que en muchos casos los discursos en las redes siguen tendiendo a apoyarse en los medios consolidados o analógicos para reafirmar su credibilidad.
Pdt.: Recordemos que la verdad es irrelevante al discurso político y no es democrática, porque esta obedece a solo elementos implícitos y reales.