Cuarenta años después del 6 y 7 de noviembre de 1985, Colombia recuerda uno de los episodios más dolorosos de su historia: la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 y la posterior retoma por el Ejército Nacional. Más de cien personas perdieron la vida, entre ellas once magistrados de la Corte Suprema de Justicia, abogados, empleados judiciales y civiles que se encontraban en el edificio. Décadas después, aún persisten preguntas sin resolver y víctimas que siguen desaparecidas.
En el marco de los actos conmemorativos que se realizan en distintas universidades del país, el abogado y profesor Hernando Hernández Quintero, quien fuera alumno de varios de los magistrados caídos y hoy docente de posgrados en derecho penal, compartió una profunda reflexión sobre la magnitud de aquel suceso y las lecciones que aún debe dejar al país.
“Hoy es un día luctuoso para la patria”, expresó Hernández. “Recordar el holocausto del Palacio de Justicia es revivir una herida que marcó no sólo la justicia colombiana, sino la relación entre las ramas del poder público. La tragedia quebró el diálogo institucional y nos mostró hasta dónde puede llevarnos la intolerancia y la ausencia de entendimiento entre los colombianos”.
Hernández, quien cursó estudios de posgrado en el Universidad Externado de Colombia bajo la enseñanza de magistrados como Alfonso Reyes Echandía, Manuel Gaona Cruz, Darío Velázquez Gaviria y Carlos Medellín Forero, evocó el legado de quienes fueron sus maestros: “Ellos nos enseñaron la independencia judicial, el valor civil y la integridad. Su muerte fue no sólo una pérdida humana, sino la desaparición de una generación dorada del pensamiento jurídico colombiano”.
El abogado subrayó la necesidad de interpretar las palabras del magistrado Alfonso Reyes Echandía —“¡Cese el fuego!”— como un llamado atemporal al diálogo y la reconciliación nacional: “No sólo se trataba de un cese de armas en 1985, sino de un cese de la violencia verbal, del odio, de la falta de empatía. Colombia necesita reencontrarse para evitar nuevas tragedias”.
Hernández insistió en que las nuevas generaciones deben conocer lo ocurrido para comprender las raíces del conflicto y defender el derecho a la no repetición. “Nuestros estudiantes no habían nacido hace 40 años, pero tienen que saber lo que significó para el país perder a quienes simbolizaban la justicia”, afirmó.
En su intervención en la Alianza Informativa de la Voz del Tolima y PYC Noticias, el jurista también recordó que la toma del Palacio dejó un vacío irreparable en la Corte Suprema y transformó profundamente la administración de justicia: “Nunca volvimos a tener una Corte como aquella, con ella se enterró una parte fundamental de la institucionalidad y de la dignidad jurídica de la nación”.
A 40 años del horror, la voz del profesor y abogado Hernández Quintero resume el sentimiento de muchos colombianos:
“Más que buscar culpables, debemos garantizar que este país nunca más viva una tragedia semejante. La memoria no debe ser un espacio de rencor, sino una herramienta para que, a través del diálogo, construyamos una Colombia en paz y con justicia verdadera.”
