
Mientras caminaba por la variante en la mañana del domingo y la densa nube ocultaba la panorámica habitual del centro y los conjuntos residenciales que crecen indomables, avasallando el verde que otrora ocultaba la ciudad, quise detenerme para imaginar que allá, detrás de la niebla, está la ciudad prometida de los últimos 30 años. Esa que la semana anterior cumplió 476 años, la misma que el noble conde de Gabriac bautizó en 1886 como La Ciudad Musical de Colombia.
Entonces me entretuve disfrutando de una ciudad planificada, en la que el ordenamiento territorial permite la expansión urbana rigurosa, con avenidas interconectadas, calles pavimentadas, verdes espacios para la convivencia y andenes para la gente. Ciudad en la que la descentralización del recaudo tributario es efectivo y el transparente manejo financiero es ajeno a la burocracia, lo que permite la modernización de empresas como el IBAL, reflejándose en un servicio de agua potable óptimo, con cobertura total y un alcantarillado renovado. Es decir, la localidad prometida por Álvaro Ramírez (alcalde 1995-1997) y Carmen Inés Cruz (primera mujer alcaldesa 1998-2000).
Sin dejarme distraer, mantengo la mirada hacia el horizonte y la imagen clara de un Ibagué despierta que nos vendió Jorge Tulio Rodríguez, el tigre, otro tigre (alcalde 2002-2003), en donde los empleos se ofertan para propios y foráneos y la reactivación económica es el pilar del mejor vividero del mundo, y esto complementado por la revolución del pavimento que consagró a Rubén Darío Rodríguez (alcalde 2004-2007) como el alcalde del pueblo.
Al tiempo y en medio de la visión nublada, alcanzo a ver los destellos de vehículos que se mueven a velocidades moderadas en los viaductos de las calles 60 con Quinta, calle 15 con Quinta y calle 25 con Guabinal, un sistema de interconexión vial prometido con todo el corazón por el alcalde Jesús María Botero (2008-2011), obras que inspiraron el programa de gobierno de mandatarios como Andrés Fabián Hurtado (2020-2023) para dejarnos un tranvía, un musicable para el transporte público hacia los barrios del sur, un moderno complejo turístico en el parque Andrés López de Galarza, complementado con el mirador del emblemático cerro de Pan de Azúcar y claro otro puente en la calle 60 con Quinta para perfeccionar el de Chucho Botero.
Una capital modelo que en 2015 fue protagonista en Colombia por los mejores juegos nacionales de la historia. Escenarios impecables propuestos y construidos por Luis H. Rodríguez (2012-2015) y que luego tuvo su complemento con la gestión de Guillermo Alfonso Jaramillo (2016-2019), quien apostó por la movilidad sostenible y el Sistema Estratégico del Transporte. Además, famoso por inaugurar el acueducto alterno y el mejor alumbrado navideño.
Pienso entonces: qué grandes alcaldes hemos tenido. La visión ahora es más clara, las nubes van perdiendo densidad y permiten ver los avances de obra de la actual administración (2024-2027) a cargo de Johanna Aranda. Un nuevo e internacional aeropuerto Perales avanza, una moderna central de abastos y centro ferial se construye, todo interconectado por el Sistema Estratégico del Transporte que nos dejó su sucesor y mentor político.
Pdta. Felices cumpleaños, Ibagué. Ya vendrán nuevas promesas y más obras para la ciudad perfecta.
