
La actividad sísmica que durante los últimos días se ha registrado en Chaparral, Tolima, continúa generando preguntas entre los habitantes del departamento. La frecuencia de los movimientos, sus diferentes magnitudes y el carácter superficial de varios de estos eventos han llevado a los ciudadanos a preguntarse qué está ocurriendo bajo la superficie del territorio tolimense.
Para entender el fenómeno, La Voz del Tolima y PYC Televisión conversaron con Jonathan Ortiz, experto en asuntos geocientíficos, quien explicó que la situación que actualmente se presenta en Chaparral tiene características particulares y debe mantenerse bajo observación científica.
Según explicó durante la entrevista, la mayoría de los movimientos registrados se encuentran entre magnitudes 3 y 4, aunque también se han presentado eventos superiores a 4.
“Hemos tenido magnitudes que oscilan en su mayoría entre 3 y 4”, explicó el experto, quien agregó que se han registrado aproximadamente 12 o 13 sismos que superan la magnitud 4, mientras que el número de eventos entre magnitudes 3 y 4 ya supera los 300.
Para Jonathan, uno de los aspectos que genera especial interés es que no se está observando únicamente un movimiento principal seguido de réplicas de menor magnitud, sino una variabilidad en la intensidad de los sismos.
La posible conexión con el terremoto del 10 de agosto
Uno de los puntos centrales de la entrevista fue la posible relación entre la actividad sísmica de Chaparral y el terremoto ocurrido el pasado 10 de agosto, un evento de magnitud superior a 7 que tuvo una profundidad cercana a los 96 kilómetros.
Jonathan explicó que, dentro de las hipótesis que actualmente se estudian, esta es una de las que más fuerza ha adquirido desde el punto de vista geocientífico.
El experto señaló que un terremoto de gran magnitud puede generar una perturbación en los esfuerzos que existen dentro de la corteza terrestre. En otras palabras, las ondas producidas por un movimiento de gran intensidad pueden propagarse y modificar las condiciones de equilibrio de estructuras geológicas que ya se encuentran sometidas a tensión.
“Hoy es la hipótesis que más cobra fuerza dentro del conocimiento geocientífico”, explicó Jonathan, aunque hizo una precisión fundamental: se trata de una hipótesis y no de una conclusión definitiva.
La posibilidad que se estudia es que el terremoto del 10 de agosto haya generado un desequilibrio en algunas estructuras geológicas y que, posteriormente, esa perturbación haya contribuido a la actividad sísmica registrada en diferentes regiones del país.
¿Cómo puede un terremoto afectar zonas alejadas?
Una de las preguntas planteadas durante la entrevista fue precisamente cómo un terremoto ocurrido a una distancia considerable puede tener alguna relación con movimientos posteriores registrados en otro departamento.
Jonathan explicó que los sismos generan ondas que se propagan a través de la Tierra. Por esta razón, un movimiento de gran magnitud puede transmitir energía a través de diferentes estructuras geológicas.
El experto comparó el fenómeno con una perturbación que puede alcanzar zonas que previamente se encontraban en equilibrio.
“Si existía de pronto un estrés en términos tectónicos, es decir, en términos de tensiones y esfuerzos, pues estas ondas podrían llegar a perturbar ese medio”, explicó.
Esta posibilidad también está siendo analizada en el contexto de los movimientos registrados en Chocó y Tolima, donde se han presentado secuencias sísmicas posteriores al terremoto de agosto.
Sin embargo, Jonathan insistió en que todavía se deben realizar estudios para determinar hasta qué punto existe una relación directa.
Chaparral también tiene su propia dinámica geológica
La segunda posibilidad planteada durante la entrevista apunta directamente a las características geológicas de Chaparral.
De acuerdo con la explicación del experto, en esta zona convergen diferentes estructuras geológicas y existen varias fallas activas que podrían generar movimientos independientemente de lo ocurrido el 10 de agosto.
Jonathan planteó incluso la posibilidad de un denominado “efecto dominó”, en el que el movimiento de una falla pueda generar perturbaciones en estructuras cercanas.
“Puede ser que alguna de estas fallas, pues digamos, son fallas activas además, entonces puedan estar generando movimientos que a su vez lleguen a perturbar y a activar aún más las otras circunstancias”, explicó.
Por eso, la investigación científica mantiene abiertas diferentes hipótesis mientras continúa el monitoreo de la actividad.
¿Los sismos anuncian un terremoto más fuerte?
Esta fue otra de las preguntas centrales de la conversación y una de las que más inquietud genera entre los ciudadanos.
La respuesta del experto fue clara: los terremotos no se pueden predecir.
Jonathan explicó que la cantidad de sismos registrados en Chaparral no permite afirmar que necesariamente vaya a ocurrir un terremoto de mayor magnitud.
Pero tampoco se puede utilizar la actividad actual para garantizar que no ocurrirá otro movimiento en el futuro.
“Son impredecibles”, señaló al explicar que un enjambre sísmico no puede interpretarse como una señal que anuncie automáticamente un terremoto.
Para explicar este comportamiento, el experto puso como ejemplo La Mesa de los Santos, en Santander, una región que registra actividad sísmica frecuente desde hace años.
La existencia de numerosos movimientos en una zona, por lo tanto, no significa automáticamente que se esté formando un terremoto mayor.
Un territorio donde la actividad geológica hace parte del paisaje
Durante la entrevista también se abordó una característica particular del departamento del Tolima: su actividad geológica.
Jonathan recordó que el territorio cuenta con fallas, volcanes y diferentes estructuras geológicas que forman parte de la dinámica natural de la Tierra.
Por eso, fenómenos como los que actualmente se presentan en Chaparral deben ser entendidos dentro de un contexto mucho más amplio.
También se hizo referencia durante la conversación a antecedentes históricos de actividad sísmica en la región y a fenómenos volcánicos que forman parte de la historia geológica del territorio.
En ese punto apareció otro de los grandes referentes del Tolima: el volcán Cerro Machín.
El experto explicó que el hecho de que una persona no haya presenciado una erupción no significa que un volcán haya dejado de formar parte de los procesos naturales de la Tierra.
Precisamente, destacó que el conocimiento científico de estos fenómenos debe servir para prepararse y no para generar pánico.
La preparación es más importante que el miedo
Más allá de las hipótesis sobre el origen de los sismos, Jonathan dejó durante la entrevista un mensaje que consideró fundamental: la preparación debe comenzar antes de que ocurra una emergencia.
El experto señaló que una comunidad preparada tiene mayores herramientas para responder frente a un fenómeno natural y reducir sus posibles consecuencias.
“Una comunidad que está preparada, que es una comunidad resiliente, pues por supuesto va a reducir muchísimo más las posibilidades de verse afectada ante un fenómeno de este tipo”, explicó.
Por eso, el llamado es a revisar las condiciones de las viviendas, identificar zonas seguras, conocer las rutas de evacuación y establecer previamente qué hacer ante un movimiento fuerte.
La recomendación también se extiende al consumo de información.
Información científica frente a la desinformación
Uno de los últimos puntos abordados en la entrevista fue precisamente la circulación de información sobre los sismos en redes sociales.
Jonathan advirtió que en medio de una situación de incertidumbre pueden aparecer publicaciones que aseguran que un determinado número de temblores significa que se aproxima un terremoto, o que incluso pretenden establecer cuándo ocurrirá.
Frente a esto, el experto hizo énfasis en la importancia de acudir a información científica y evitar compartir contenidos que puedan generar pánico.
La actividad sísmica de Chaparral y el Tolima continuará siendo objeto de seguimiento. La posible relación con el terremoto del 10 de agosto es una hipótesis que continúa bajo análisis, mientras que la dinámica propia de las fallas geológicas de la región también permanece como una posibilidad.
Por ahora, el mensaje que deja la entrevista es claro: la actividad sísmica debe tomarse con responsabilidad, pero no con pánico.
Los movimientos de tierra no pueden predecirse y un enjambre sísmico no constituye, por sí mismo, una señal de que necesariamente vaya a ocurrir un terremoto mayor.
La mejor herramienta, como explicó Jonathan durante la conversación con La Voz del Tolima y PYC Televisión, sigue siendo el conocimiento, la información verificable y la preparación de las comunidades.